Polémicas de censura: ¿Quién decide lo que vemos?
¿Quién decide qué películas se proyectan, dónde se proyectan? ¿Y por qué algunos luchan para que algunas nunca vean la luz?
En semanas recientes dos polémicas de censura han causado revuelo a nivel nacional e internacional. A nivel local la censura de la película Santidad, dirigida por Rodolfo Espinoza Ríos, ha terminado en acusaciones hacia el Arzobispado de Cusco por una aparente intervención. Mientras que a nivel internacional, la película israelí Naza ha generado una ola de odio hacia sus directores quienes han sido amenazados con la revocación de sus ciudadanías. Ambas situaciones llevan a una misma pregunta, ¿quién decide lo que vemos y lo que decimos?
El Arzobispado de Cusco en la mira
“El Arzobispado de Cusco tiene una cláusula del contrato que mantiene con el centro comercial que alberga al Cineplanet del Cusco”, declaró Beyker Bances, productor de Santidad, en una entrevista con La República. “Ellos dicen que la película no debería tergiversar la buena fe o la moral en su contenido. Sin embargo, constitucionalmente eso no puede ser, ni por parte privada. Están censurando el contenido artístico y social”, continúa Bances.
El productor, en conjunto con su compañero Beto Benites, han señalado que el Arzobispado de Cusco sería el responsable de que su película no se presente en los cines de dicha ciudad. A pesar de haber sido grabada allí y de haber tenido su avant premier en un Cineplanet local.

Poster oficial de Santidad. Película dirigida por Rodolfo Espiniza Ríos.
Este filme narra la llegada de un arzobispo al pueblo de Sarapampa para una celebración por los 100 años de la Virgen del Maíz. Sin embargo, su actitud altanera y prepotente acaba generando problemas con los locales. A través de la comedia, Santidad explora la moral y el poder de una forma que busca generar debate y reflexión. Además, es una película que se realizó con un estímulo del Ministerio de Cultura y participó del 30a Festival Internacional de Cine de Lima PUCP. Sin embargo, el lugar en la que se rodó será precisamente el que no podrá verla.
Ello, en combinación con la cancelación de algunas funciones y la asignación de horarios desfavorables, ha generado críticas por parte de otros miembros del equipo de realización y del público en general.
En una denuncia pública por redes sociales, Beto Benites señala: “Hoy estamos realmente indignados porque no estamos hablando solamente de Santidad, realmente estamos hablando del derecho de los cineastas a contar historias y del derecho del público a decidir que quiere ver”. Además, lamenta que esta cancelación ocurra poco antes de la visita del Papa León XIV, Papa peruano, quien en 2025 se pronunció a favor de la cinematografía por su rol humanizador y manifestó su preocupación por “la erosión [de las salas cinematográficas] que las arrebatan a ciudades y barrios”.
También, en esa ocasión, fue el Papa quien dijo: “No son pocos los que dicen que el arte del cine y la experiencia cinematográfica están en peligro”.
Naza y la lucha por decir la verdad
La polémica reciente más grave en torno a éste tema quizás ha sido la que envuelve a Naza, un documental israelí que recoge 24 testimonios anónimos sobre cómo las fuerzas de inteligencia militar deciden qué edificios bombardear en la franja de Gaza. El documental adquirió su nombre por un acrónimo que significa Nezek Agavi, palabra en hebreo para “daño colateral”. Dicho término se usa para denominar a la cantidad de civiles que mueren en un ataque.
Poster oficial de Naza. Película de Yubal Abraham y Rachel Sor.
La cinta, dirigida por Yubal Abraham y Rachel Sor, denuncia el bombardeo de edificios a sabiendas de la presencia de civiles y cuenta con declaraciones donde se admite haber utilizado dispositivos espía para escuchar el interior de los recintos, siendo capaces de identificar el llanto de bebés y aún así aprobando los ataques. La magnitud de las declaraciones ha llevado a que este documental se quiera utilizar como una prueba en las investigaciones contra Israel por el genocidio palestino.
Sin embargo, las consecuencias para los directores han sido radicales. El Ministro de Cultura israelí ha solicitado la revocación de la ciudadanía a los directores acusándolos de traición a la patria.
Yubal Abraham, uno de los directores, fue entrevistado en el 64th New York Film Festival hace solo unos días, donde declaró que tanto su motivación como la de Rachel Sor para la película es que la negación de lo que ocurre en Gaza sea más difícil. Asimismo, no dudó en referirse al trabajo de periodistas palestinos que ya llevaban años registrando estos crímenes. El filme se estaría basando en el trabajo de todos ellos, más de 100 fuentes confidenciales, no solo los entrevistados que se observan en la pantalla grande.
Un panorama que deja mucho que desear
En el Perú, ya desde años anteriores se venía discutiendo una preocupación por la censura de los contenidos cinematográficos a partir de la aparición de nuevas leyes estatales. Sin embargo, en el caso de Santidad también se apunta a una censura comercial. En entrevista con La República, Beyker Bances mencionó una preferencia por las películas con actores reconocidos, influencers y marcas más grandes. Además, hizo un llamado a la necesidad de leyes que impulsen la visibilidad de películas que no cumplen con dichas categorías.
En Israel, France 24 reportó que los cines se habrían negado a proyectar Naza incluso si se les permitía hacerlo de forma gratuita. A pesar de no haberse estrenado, ya hay un rechazo masivo hacia el documental por parte de la ciudadanía. Ello, sumado a las acusaciones de traición a la patria ha causado preocupación alrededor del mundo.
“Estos son intentos de silenciar a aquellos que son lo suficientemente valientes para ir más allá”, declaró Libby Lankinsky en una entrevista para DW respecto a Naza y el ataque contra sus realizadores. “El mensaje es muy claro para periodistas, para cinematógrafos. Habrá consecuencias por decir la verdad”, concluyó.