Desde Perú hasta Francia: Polémicas por la IA generativa en la literatura
Recientes polémicas por uso de la IA han convulsionado el mundo de la literatura, ¿cuáles son estos casos? ¿Y que tan posible es identificarlos?
Desde Latinoamérica hasta Europa, las polémicas por la IA generativa no han faltado en el transcurso del último mes. Esta herramienta capaz de crear desde textos narrativos hasta ilustraciones hiperrealistas se ha ganado el rechazo de los lectores, quienes critican un uso que parece estar reemplazando a la creatividad humana.
El uso de la IA en la literatura moderna
Hace unos días, los abogados peruanos Luis Paredes Tejada y Brandon Mori Ramirez fueron acusados de utilizar IA para la redacción de su libro “Teoría del Derecho”, tras no eliminar un párrafo donde el programa les ofrecía mejorar la distribución de sus contenidos.
La fotografía del libro se hizo viral y las críticas no tardaron en llover. Los autores respondieron a las acusaciones aceptando su uso de inteligencia artificial aunque solo en la recta final del libro y con fines de mejorar su redacción, según un comunicado publicado en la página oficial de Paredes Tejeda en Instagram. Además, aseguraron que este uso de IA para mejoras técnicas no restaba crédito a las ideas de los autores y que eran conscientes de que debía ser usada de forma responsable y ética.

Comunicado de Luis Paredes Tejada en Instagram / @luisparedestejada
Esta misma semana, Thélyson Orélien, autor haitiano-canadiense, fue acusado de escribir su obra, galardonada con el premio FNAC, “C’était ça ou mourir” enteramente con IA. Esta vez, las acusaciones vinieron de un grupo que se hace llamar Balance ton Claude y que, a testimonio suyo, analizó el libro con un programa de detección de IA, Pangram, obteniendo un 100% de coincidencia.
A esta polémica se le sumaron acusaciones de plagio, lo que terminó por la exclusión del autor y su libro de la lista de aspirantes al premio Goncourt, el más importante de Francia. En su comunicado, ellos aseguran haber realizado un análisis en conjunto con investigadores y periodistas dignos de confianza, llegando a la conclusión de que “C’était ça ou mourir” estaba, muy probablemente, escrito en gran medida por la inteligencia artificial.

Comunicacido de la Academia Goncourt / @academiegoncourt
La desconfianza de los lectores
Semanas anteriores, Claudia Ramirez, una autora mexicana de fantasía juvenil, enfrentó críticas respecto a la portada de su nuevo libro “El legado de la Rosa”. Muchos usuarios en redes sociales la acusaron de haberla realizado con IA generativa. Sin embargo, ella no tardó en desmentir las acusaciones y publicar un video donde el ilustrador de su portada mostraba capa por capa los archivos del proceso de diseño.
Recientemente también se extendieron rumores acerca de cómo el uso de la raya (—) puede delatar textos escritos por inteligencia artificial. Académicos y escritores se manifestaron al respecto, aclarando que solo se trataba de un uso correcto de la puntuación y la lengua. Incluso, el Washington Post contactó con Laurentia Romaniuk, miembro del equipo a cargo del comportamiento del modelo Open AI. Ella aseguró que si bien la IA puede usar la raya de forma muy repetitiva, de acuerdo a su entrenamiento, esta no es una forma certera de determinar si un texto se generó con dicho programa o no.
Lo que sí muestran estas dos problemáticas son la necesidad de los lectores por poder diferenciar el trabajo humano de la inteligencia artificial, en tiempos donde su uso ya se comienza a considerar amenazador y desmedido. Además de una creciente desconfianza de los productos literarios y artísticos que se asocian a ellos.
La realidad sobre los detectores de IA
Según describen diversos medios, los programas para la detección de textos producidos con inteligencia artificial como Pangram son entrenados tanto con productos generados por IA como escritos por humanos. Lo que hacen es buscar patrones en el lenguaje y compararlos con esos ejemplos.
Sin embargo, tanto la BBC como el Washington Post han señalado que estos programas son imperfectos y pueden estar sesgados por falta de entrenamiento en los diversos usos de una lengua, llegando a afectar en mayor medida a hablantes no nativos de una lengua. Es por ello que abundan los falsos positivos.