
La falta de la unión civil en el Perú afecta salud, trámites, trabajo y vida cotidiana de las parejas de la comunidad LGTB+ en el país.
Vida cotidiana: el costo del no reconocimiento
“Para el Estado, tu relación no existe”. Esa es la frase de nuestra entrevistada que llamaremos L. que resume el día a día de las parejas homosexuales: no hay cómo acreditar el vínculo en un banco, una clínica o ante un seguro, la pareja queda fuera de formularios, llamadas y decisiones. Esa fricción cotidiana —información clínica, beneficiaria de seguro, pensión, alquileres, prestamos— no es solo emocional: afecta tiempos, costos y seguridad. Aquí es donde una unión civil en Perú pasaría de lo abstracto a lo concreto: ordenar protocolos y reconocer quién es familia también en lo legal.
Apesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH) sostiene que los Estados deben reconocer y garantizar los derechos derivados de los vínculos familiares de parejas del mismo sexo, con acceso a las figuras legales existentes en igualdad. En el ámbito local hay muchos problemas del día a día (seguros, herencias, decisiones médicas) no se resuelven solo con contratos privados; requieren una figura jurídica que dé visibilidad y respaldo legal a las parejas homosexuales.
Testimonio del día a día en el país
L., mujer cis que prefiere mantener en reserva su vida afectiva frente a su familia de origen, se presenta con naturalidad y deja claro —a partir de casos de personas que ha escuchado durante su vida y de su propia experiencia— cómo se vive el vacío legal desde lo cotidiano. Relata que, en el terreno de las gestiones legales, muchas personas se toparon con ventanillas que pedían “un papel” que no existe: incluir a la pareja como beneficiaria del seguro no era posible porque no había un acta que las figure como pareja legal, y en una notaría llegaron a cuestionar un contrato conjunto por no haber una figura que acredite el vínculo.
Cuando habla de su propio día a día, el foco se mueve del sello a la gente. Lo que más pesa, segun sus propias palabras, es el desgaste de explicar y prevenir todo el tiempo: elegir qué decir y qué callar para evitar discusiones inútiles, mantener la privacidad con su familia es, además, un trabajo silencioso: ajustar redes, medir el ambiente en el trabajo, “tantear el terreno” antes de compartir algo personal. No es miedo, es leer el ambiente para no exponerse. Esa estrategia protege, pero cansa.
Propuesta de Unión Civil en el país
Se ha propuesto un proyecto de ley para las parejas del mismo sexo, pero con ciertas limitantes: no equivale al matrimonio y restringe derechos clave como la adopción conjunta. En la práctica, esos límites mantienen vacíos en la protección familiar, por ejemplo, decisiones sobre los hijos, cobertura de seguros de salud, herencias y custodias, y prolongan las fricciones en trámites cotidianos. Incluso con una unión civil en Perú, la falta de reconocimiento pleno deja a muchas parejas resolviendo su vida con parches legales y dependiendo de las facilidades que dé cada institución.

Más allá del debate político, la unión civil en Perú toca la vida diaria: quién decide en una emergencia, quién puede ser beneficiaria, cómo se acredita una familia ante un banco o una notaría. L. insiste en que no pide privilegios, sino derechos: reglas claras que reduzcan la discrecionalidad y eviten que la dignidad dependa de una ventanilla. Mientras no haya reconocimiento, muchas parejas seguirán acumulando papeles, explicaciones y silencios. Por eso, ella dice, “el primer cambio sería la tranquilidad: saber que nuestro vínculo cuenta también en la ley, no solo en la vida”.